Al intentar hacer una reflexión personal para relacionar la teoría y nuestra práctica pedagógica, surgen interrogantes constantes que promueven una profunda meditación como: ¿Estamos cumpliendo con nuestro trabajo como maestros? ¿Nos construimos continuamente como personas de tal manera que seamos el centro de nuestra propia historia? ¿Nuestra permanente preocupación es mejorar nuestro trabajo diario? ¿Contamos con una política educativa que garantice un trabajo beneficioso para el país?
A riesgo de repetir lo que ya es un lugar común en nuestro ámbito de reflexión y quehacer, debe destacarse que la calidad de los docentes es el factor que incide con mayor fuerza en los logros de aprendizaje de los niños. Sólo si mejora la calidad de los profesores que empiezan y continúan trabajando en la enseñanza, podremos garantizar que los ciudadanos de este país sean individuos con valores y competencias que les permitan mejorar la calidad y las condiciones de su propia vida y las de sus congéneres. Y sólo si la calidad de los maestros mejora, podrá el país adaptarse a una sociedad y a una economía crecientemente globalizadas, que dependen enormemente del conocimiento, y de las maneras en que éste se obtiene, se analiza, se comunica, se distribuye y se aplica a la solución de problemas.
Los maestros llegan a tener en sus manos buena parte de la responsabilidad de educar a los niños peruanos quienes serán quienes “hagan y deshagan” en este país; los responsables de construirlo o salvarlo, de cuidarlo o liderarlo. O de esos niños que, si las cosas resultan muy diferentes a nuestras esperanzas, serán tan sólo víctimas de procesos sobre los cuales no tendrán la capacidad de ejercer control alguno.
De manera muy sintética, puede decirse que los docentes deben llegar a sus aulas, y mantenerse en ellas, con una comprensión sólida y profunda de las materias que enseñan, con una comprensión basada en la observación y reflexión sobre la manera en que los niños —sus niños— aprenden y con un fuerte compromiso de apoyarlos para alcanzarlos.
Para que los educadores lleguen a las aulas en esas condiciones es necesario que las instituciones donde se forman los docentes se transformen, a fin de que los nuevos maestros aprendan de una manera diferente. Si ellos mismos no “aprenden a aprender” de maneras múltiples y renovadas, difícilmente podrán aprender sus alumnos. Esto, porque, en última instancia, la mejora de la calidad educativa se dilucida dentro de las aulas, en las relaciones que se establecen entre docentes y alumnos, en los conocimientos que se ponen en juego, en la enseñanza que efectivamente se imparte y en el tipo de actividades que son propuestas para el aprendizaje de los niños
Urge, entonces, apoyar prioritariamente a nuestros profesores para que vuelvan a convertirse en las figuras centrales en la conquista de una mayor calidad de la educación.
Pero, ¿Qué está sucediendo actualmente en nuestro país? Nuestros docentes se encuentran preocupados, por decir lo menos, frente a la tremenda crítica que se les hace, respecto a la calidad de la enseñanza que imparten. El problema no es sencillo: no se va a solucionar con las evaluaciones aplicadas a los maestros y cuyos resultados son mal utilizados por el Ministerio de Educación.
No podemos seguir pensando que la responsabilidad educativa es sólo de los profesores. ¿Y el Estado qué está haciendo al respecto? ¿Y el resto de la sociedad?
Casos de corrupción presentados en las altas esferas del Gobierno, también se reflejan en el Ministerio de Educación. Las pruebas que se aplican a los profesores para ingresar a trabajar o para ser promovidos a un nivel superior son sustraídas por ¿manos extrañas? Esto es reiterativo y sin visos de solución y sanción ejemplarizadora. Se interviene a los docentes comprometidos como operadores del nivel inferior…y los grandes responsables? Esto ha sucedido con la prueba de la última evaluación docente que se iba aplicar el 13 de febrero del presente, se había filtrado y estaba siendo negociada a muchos docentes. Los responsables del Ministerio de Educación, del Instituto Nacional de Estadística e Informática o de cualquier otra institución comprometida deben ser sancionados con todo el peso de la ley. De igual manera se tiene que actuar con los docentes que han comprado la prueba. Estos actos de corrupción no deben existir en la sociedad, mucho más dentro de una institución educativa.
Pero estamos convencidos que somos mayoría los docentes que con todas nuestras limitaciones, estamos cumpliendo con orgullo y dignidad nuestra labor docente en el lugar más recóndito del país, en los barrios más conflictivos, haciendo las veces de médico, dirigente comunal, promotor deportivo y hasta consejero espiritual. Y si la Institución Educativa es unidocente, nos multiplicamos desempeñándose como profesor, director, personal administrativo y auxiliar.
Estamos asumiendo nuestra responsabilidad. La que nos corresponde asumir hidalgamente. Comprometiéndonos a cumplir con el rol que nos ha encargado la sociedad. Toca ahora al gobierno de turno cumplir con su obligación, que para eso ha sido elegido. Más bien debe tomar decisiones concretas, que den a la educación el lugar privilegiado que debe tener para el desarrollo futuro de nuestra sociedad. La calidad de la enseñanza depende básicamente de la importancia que se dé al sector educación en su conjunto: mejores docentes, valorados como personas y mejorando la formación que reciben para hacerles capaces de afrontar los retos y las nuevas exigencias sociales. Elevar considerablemente el presupuesto asignado al sector educación con el fin de mejorar la infraestructura, adquirir herramientas tecnológicas, promocionar salarialmente a los docentes. Todo ello dentro de una Política Educativa que tenga en cuenta Proyectos hechos por maestros y para maestros, lo cual sí nos garantizaría una verdadera Calidad Educativa.
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1 comentario:
Es pertinente consensuar a nivel de docentes lo que se manifiesta, en lo que respecta a la evaluaciòn docente ya que asi se podra hacer propuestas para mejorar dichas evaluaciones no sòlo son examenes, sino su desempeño en el aula, su capacidad innovadora desde la I.E.
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